Praeter um sententia

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lunes, 4 de enero de 2010

CUENTO> El salto

Era el turno de Marco, le había prometido a su hijo que ese día iba a ganar su primer trofeo, para que en el futuro pudiera tener tantos como su padre o sus hermanos. Antonio, el retoño de seis años, estana bien emocionado, había esperado durante toda su corta vida para ese momento, quería tener su propio trofeo para comenzar su colección. Todos en su casa tenían una colección de trofeos.

Marco se preparó, "esto debería ser sencillo", pensó, ¿por qué no? Había derrotado a oponentes más fuertes antes. Era día de juegos en el jardín de niños de Antonio. Era una actividad de padres e hijos. Este era el último evento del día y Marco y Antonio iban terceros en la clasificación, pero si el padre lograba el salto más largo, ganarían el primer lugar. Corrió, pusó el pie antes de la línea de falta and elevó su cuerpo. Saltó.

Pero había algo que no estaba bien. Marco sabía que algo estaba mal. Era el salto más largo hasta el momento , pero todavía faltaba el turno de los competidores más fuertes. Antonio estaba alegre porque su padre tenía la mejor marca hasta el momento. Sus ojos estaban llenos de una luz de felicidad. Marco sabía que su salto podía ser superado.

Reconoció, en ese justo instante, que estaba luchando en dos de las batallas más importantes de su vida. Tenía que enseñarle a su hijo a levantarse de sus derrotas. Pero lo más importante era que estaba batallando contra su edad. Ya se había retirado, pero no porque se sintiera viejo, sino porque había alcanzado todo lo que se podía alcanzar. Era la primera vez que sentía que estaba creciendo desde que obtuvo su permiso para aprender a conducir.

Aunque le había prometido a Antonio un trofeo, tal vez su hijo podría entender, hasta se podría sentir satisfecho con un segundo lugar. Había prometido un trofeo, no un trofeo de primer lugar. Pero la edad era un duro contendiente. Había fallado en otras circunstancias, pero siempre había una oportunidad de revancha y de reinvindicación. Ahora sabía que no habría segunda oportunidad. Se dio cuenta que los humanos llegan a un punto donde alcanzan su máximo potencial y luego se vuelven viejos, y las habilidades físcas. Se sentía miserable.

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