Praeter um sententia

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viernes, 18 de marzo de 2011

La Oración

Como las otras prácticas cuaresmales, la oración, es una acción que se debe practicar en todo tiempo. La Cuaresma es un tiempo para detenernos a meditar y fortalecer el papel de oración en nuestra vida.

Muchos pueden pensar que la oración no tiene mucha utilidad pero sí la tiene. La oración nos acerca más a Dios. Orar provoca cambios en el mundo cambiándonos a nosotros. Rezar ayuda al cristiano a madurar su fe. La oración es un camino efectivo a un estado de gracia.

Por definición, la oración es el medio que tenemos para comunicarnos con Dios, así que, como todo medio de comunicación, sirve para acercarnos a Dios. En los momentos más determinantes de su vida, Jesús, se mantuvo en oración. Por ejemplo, antes de su pasión fue a orar al huerto. Como verdadero hombre que fue, no era algo sencillo saber que dentro de algunas horas moriría. Dios es el que nos da fortaleza para hacer lo que vayamos a hacer. Así que Jesús recurrió a la oración para acercarse al Padre para tener la fuerza para tomar ese trago, que algún día todos deberemos tomar. Así que nosotros, que sabemos que somos amados por Dios, debemos corresponder ese amor con más amor y el amor se demuestra estando cerca del amado, orando.

La oración es una forma efectiva de cambiar al mundo. Son muchos los que dudan de la efectividad de esta, pero la oración sí es efectiva. Mateo 7, 7-11 se lee: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca halla, y al que llama, se le abrirá. ¿O acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!" Dios es bueno y da cosas buenas; él sabe lo que necesitamos, más allá de lo que necesitamos. Seguro se nos dará si, como Jesús, oramos diciendo "Señor, que se haga tu voluntad". Por ser bueno, la voluntad de Dios es buena, tal vez lo que pidamos no sea del todo bueno. Así que si pedimos se nos dará. La forma en que la oración cambia al mundo es cambiándonos a nosotros. Si oramos estamos cerca de Dios, si estamos cerca de Dios, entenderemos su voluntad, así trataremos de cumplirla y no la nuestra. Todo nuestro ser será cambiado y seremos un espejo de Cristo para la humanidad.

Una de las prácticas más comunes de la religiosidad popular es el rezo. Para muchos es una repetición de palabras sin sentido, en efecto se corre el riesgo que repetir oraciones se convierta en decir cosas sin sentido. Así que debemos actualizar cada oración, cada vez que se recita. El santo hermano Josemaría Escrivá de Balaguer, nos previene de caer en esta tentación diciendo: "Para evitar la rutina en las oraciones vocales, procura recitarlas con el mismo amor con el que habla por primera vez el enamorado..., y como si fuera la última ocasión en que pudieras dirigirte al señor" (Escrivá de Balaguer, 2008). Si seguimos el consejo del hermano Escrivá, cada día iremos madurando en nuestra fe, preparándonos para la llegada de la hermana muerte, sabiendo que Dios nos ama y quiere que estemos junto a él.

Así que la práctica de la oración, durante la Cuaresma y durante todo el año, si tiene razón de ser. Da muchos frutos, nos permite acercarnos a Dios y comprender su voluntad. Nos cambia, haciendo que seamos más parecidos a otro Cristo en este mundo.

Escrivá de Balaguer, J. (2008). Forja. Guatemala: Ediciones Mater et Magistra.

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