Praeter um sententia

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sábado, 15 de mayo de 2010

VARIOS> El sentido de la vida

La vida, caprichosa de sí misma, “unión del cuerpo y alma” (Real Academia Española, 2001), siempre cambiante. El sentido de la vida es mejorarse a sí misma para alcanzar un mayor estado. Esta vida, con deseo de auto superación se basa en tres ejes: social, existencial y religioso.
En un primer plano, como dice Aristóteles, el ser humano es “un ser social”, por lo que buscará aceptación dentro de algún grupo social. La aceptación social determina muchas de las decisiones que se toman durante la vida. La presión de grupo afecta ya que, normalmente, las personas tratan de parecerse más al grupo haciendo actividad parecidas. Pero el verdadero sentido de la vida social no es actuar como otros para ganar aceptación, el humano alcanza plenitud social cuando distinguiéndose de los demás, descubriendo sus virtudes complementarias, se gana un lugar dentro de una sociedad, descubre cómo puede llegar a ser útil. De esta manera ayuda a su entorno a alcanzar un estado mejor al que se encuentra, consecuentemente, con sus acciones.
Al haber encontrado un sentido a su ser social, el individuo no se contenta, no encontrado el sentido último de su vida. Esto le motiva a buscar su sentido de existir más allá de las personas que se ven afectadas directamente por sus acciones. Así que la persona, al verse con seguridad social, busca trascender. El sentido de la vida existencial es un la intención de alcanzar la felicidad. Esta felicidad se logra, primero tratando de descubrir cuál es el sentido personal de su existir y luego llegar a ese sentido. Esta tarea de cada cual buscar ese sentido existencial, ya que no es el mismo para todos. Al haber descubierto este es necesario tratar de realizar acciones para realizar este sentido. Respecto a lo que se debe hacer para alcanzar el sentido existencial de la vida Aristóteles comenta que la educación, el conocimiento es fundamental para saber cómo cambiar el entorno en el que desenvuelve, comenta “el culto se diferencia del inculto como el vivo del muerto”. Y en cuanto a la premura, al tiempo en que se debe hacer las acciones trascendentales para alcanzar la felicidad, llegar al sentido existencial, dice “la felicidad depende de nosotros mismos” y Juan Pablo II complementa “el futuro comienza hoy, no mañana”.
El sentido último de la vida es el sentido religioso, y esto es porque este sentido no está limitado a la vida mortal que todos los seres orgánicos compartimos. El sentido religioso de la vida va más allá de la vida, tiene alcance hasta la vida eterna. “Es Jesús quien buscas cuando sueñas con la felicidad; Él está esperando por usted cuando usted no encuentra nada más que le satisface, Él es la belleza a la que está tan atraído, sino que es el que os provoca con esa sed de radicalidad que no os deje llevar del conformismo; es Él quien os empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón de sus opciones más genuino, las decisiones que otros querrían sofocar.
Es Jesús el que suscita en vosotros el deseo de hacer algo grande con su vida, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejaros a moler por la mediocridad, la valentía de comprometeros con humildad y perseverancia para la mejora de sí mismos y la sociedad, que el mundo sea más humano y más fraterno” asegura Juan Pablo II.
Así el sentido de la vida es mejorarse a sí misma para alcanzar una felicidad plena, más allá de las barreras que nos impone esta vida mortal.

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